Obama y Trump entierran el hacha de guerra para preparar la transición

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La relación entre Donald Trump y Barack Obama ha estado marcada durante años por las críticas y la desconfianza mutua, pero el extraordinario desenlace de las elecciones del martes les ha obligado a trabajar juntos para gestionar la transición ordenada del poder ejecutivo. Esa transición ya está en marcha y, por lo que se ha visto esta mañana, uno y otro parecen dispuestos a aparcar temporalmente sus diferencias. Este jueves ambos se han reunido durante 90 minutos en la Casa Blanca, un encuentro que Obama ha calificado de “excelente”. En su comparecencia ante la prensa, han aparecido sonrientes y con una actitud distendida, como si la mala sangre de la campaña fuera cosa del pasado.

Trump se dio a conocer políticamente hace unos años al liderar aquel movimiento que cuestionaba la legitimidad de Obamanegando que hubiera nacido en Estados Unidos. Y durante la reciente campaña llegó a definirlo como “el peor presidente de la historia” del país. Esta mañana, sin embargo, todo ha sido muy diferente. El republicano ha descrito a Obama como “un gran hombre” y ha dicho que es “un gran honor” estar a su lado en el Despacho Oval. Según ha afirmado, era la primera vez que se sentaban a hablar en privado. “Estoy impaciente por trabajar con él en el futuro y pienso pedirle también consejo”, ha dicho en una breve alocución ante los periodistas.

CAMBIO DE ACTITUD

Desde que Trump ganó la presidencia el martes, su actitud ha sido radicalmente distinta a la mostrada durante la tempestuosa campaña. Todo ha sido civismo y respeto al protocolo que impera en estas situaciones, algo que también mostró durante su visita a México en agosto, cuando se reunió con el presidente Peña Nieto, el único mandatario extranjero que le recibió durante la campaña.

También Obama ha cumplido con el papel, después de decir reiteradamente en los últimos meses que Trump no tiene el temperamento ni la cualificación para ser presidente y advertirle al país del riesgo que suponía dejarlo al mando de los códigos nucleares. “Quiero enfatizarle, señor presidente electo, que queremos hacer lo que sea necesario para ayudarle a tener éxito, porque si a usted le va bien al país le irá bien”, ha subrayado el mandatario estadounidense, quien dijo también que quiere asegurarse de que los Trump se sienten “bienvenidos” en el que será su nuevo hogar.

Desde el martes por la noche, las dos partes han hecho reiterados llamamientos a unir al país tras la división sembrada durante la campaña. Pero la cordialidad que ha presidido la reunión en la Casa Blanca, acompañada por los encuentros paralelos de la primera dama con su sucesora en el cargo y los asesores de las ambas partes, contrasta con el clima de contestación que empieza a tomar forma en las calles. En ciudades como Seattle, Nueva York, Oakland, Filadelfia o Chicago hubo protestas popr segundo día contra la presidencia de Trump. Miles de personas marcharon por las calles del país con carteles en los que se leían mensajes como “No mi presidente” o “No al racismo y al sexismo de Trump”.

En Washington, la actividad es frenética. El equipo de asesores de Trump, liderado por el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, el hombre encargado de preparar la transición, ultima losnombres del futuro gabinete y las personas que estarán al frente de la seguridad nacional. La expectativa es que el multimillonario se rodee de lealistas. Durante la campaña muy pocos pesos pesados de la política en Washington quisieron verse asociados con su nombre, pero ahora se espera que la actitud de algunos cambie y se postulen para formar parte de la nueva Administración.

En la Casa Blanca, Trump y Obama hablaron de política exterior y política interna en una reunión que duró bastante más de lo esperado. “Me ha explicado algunas dificultades, los temas candentes que están en el aire y algunas de las cosas verdaderamente estupendas que se han conseguido”, dijo el magnate más tarde. Trump ha prometido pulverizar buena parte del legado del presidente, cancelando desde el primer día su reforma sanitaria, aunque desde que ganó la presidencia su tono es conciliador y se ha mostrado dispuesto a cooperar con sus rivales políticos.

Tras su estancia en el Despcho Oval, Trump se dirigió al Capitolio para reunirse con la cúpula del poder republicano en el Congreso, con la que ha mantenido constantes diferencias, traducidas en ocasiones en insultos. Pero también aquí, impera una nueva actitud. Su victoria, acompañada por el control de las dos cámaras del parlamento, le ha dado al Grand Old Party la oportunidad de remodelar el país a su imagen y semejanza.

“Estamos hablando de cómo podemos empezar a trabajar para darle la vuelta a este país y volver a hacer grande a América”, ha dicho Paul Ryan en una comparecencia junto a Trump. Durante la campaña, el líder republicano en el Congreso, llegó a acusar a su candidato de racismo y se negó a hacer mítines a su lado después de que apareciera el famoso vídeo con sus comentarios machistas. Tras la reunión, Trump recordó que cumplirá su promesa de bajar impuestos y anunció que actuará rápido en sanidad y educación.

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